Novena

Oración para todos los nueve días

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¡Oh inmensa piedad! ¡Oh inmutable caridad! que para librarme de la vil servidumbre del pecado, obligado del inextinguible fuego de vuestro amor, entregásteis a la muerte vuestro Unigénito Hijo, cuyas dulcísimas entrañas, no solo le inclinaron a hacerse hombre de la Virgen María; sino que sediento de mi bien, abrazó la muerte de Cruz, derramando el infinito tesoro de su Sangre, para que yo viviera. Ruego a vuestra Majestad Divina, que reconocido de mi pasada ingratitud, sepa apreciar en adelante, asistido de vos, este imponderable beneficio, huyendo del errado camino, en que me ha puesto en desorden de mis apetitos; para que empleando en vos (único bien mío) todas mis potencias, pase de esclavo de mis vicios, por medio de una verdadera contrición, a merecer el dulcísimo y apacible título de hijo vuestro, empleando el resto de mis días, y en especial este rato, a mayor honra y gloria vuestra; y para que mis culpas no impidan tan dichoso fin, digo, Señor, de lo más íntimo de mi corazón, que me pesa de haber ofendido a una Suma Bondad tan digna de ser amada; y propongo, ayudado de vuestra gracia, de enmendarme, con muy firme esperanza de que me perdonaréis por los méritos de vuestro Hijo y Redentor mío. Amén.

Después: Padrenuestro · Ave María · Gloria

Fuente: Novena de Santa Catalina de Sena, Pamplona, Imprenta de Joaquín Lorda, 1882 (dominio público).

Texto histórico transcrito literalmente de la edición de 1882.

Novena de este santo

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